miércoles, 6 de octubre de 2010

Elecciones 2010

El domingo 3 de octubre fui miembro de mesa durante las elecciones que se realizaron.

La semana previa había asistido a la capacitación, donde despejé varias dudas que tenía. Poco a poco, me pareció que algunas cosas podrían haberse pensado mejor, para hacer más intuitivo el proceso.
Quizás hubiera ayudado bastante usar los mismos colores de las ánforas para las cédulas; así cualquier votante podría notar rápidamente cúal iba en cuál, sin tener que leer nada. Serían menos pasos en el conteo.
Quizás el padrón de electores podría tener las páginas consecutivas para ubicar más rápido a cada persona.
Quizás se podrían usar palabras más simples que cédula (voto), sufragio (votación) y escrutinio (conteo).
Quizás podrían hacer ensayos del proceso y tomar el tiempo que demora cada cosa, y ver si no se puede hacer mejor y más simple, antes de escribir las reglas.
Quizás debiera haber un límite a la extensión del manual de capacitación, para forzar a que los pasos sean tan simples como fuera posible y no sea necesaria una capacitación especial (después de todo, si los titulares no van, cualquiera debe ser capaz de reemplazarlos).

El día mismo del proceso, algunas cosas sucedieron de modo peculiar. Se nos avisó que habría un acta extra para el referendum y nos indicaron dónde la deberíamos poner.

Además, parecía como si el número de actas de instalación hubiera aumentado. La tarea de firmarlas fue bastante tediosa. Había que firmar y poner los datos personales del presidente, secretario, tercer miembro y los personeros que lo desearan. Pasamos más de una hora demorados en esa tarea, que era necesaria antes de empezar la votación. Creo que nadie se lo imaginaba en la capacitación.

Al final, después que se cerró el sufragio, una tarea similar era firmar las actas de escrutinio, donde figuraban los resultados. Cuando habíamos avanzado algo, se nos avisó que no era necesario completar todas las actas. Sólo cinco para cada proceso, y algunas extras si lo requerían los personeros. Quizás eso explicaba el número extra de actas.

A la luz de la disputa tan reñida en el conteo de votos por la alcaldía de la capital, recordé que las actas restantes, no utilizadas o llenadas parcialmente, se devolvieron en un sobre de plástico. Tal vez alguien podría suponer que no sería demasiado difícil usar alguna de ellas para hacerlas pasar por actas mal llenadas, impugnables, si las actas bien llenadas no favoreciera cierto resultado.

Tal vez debimos escribir algo en las observaciones, aunque hubieran pasado cuatro horas desde el cierre y ya nos quisieramos ir.

Quizás alguien podría planear algunos procesos para que sean más complicados intencionalmente, porque habiendo más etapas hay más oportunidades de ingresar errores y usar la impugnación de esos errores como una carta blanca para favorecer a quién se quisiera.

Quizás un proceso electoral no es siempre tan fiable como se nos dice.

Ojalá hubiera más transparencia y simplicidad. Ojalá se usara más la tecnología. En Brasil, el mismo día, tuvieron elecciones presidenciales. Habrían usado el voto electrónico. Un país con muchos más votantes que Perú. En unas horas ya sabían los resultados. Ojalá podamos hacer mejor las cosas.